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| En el cielo se podían divisar dos mundos, el cielo lloraba y gritaba por su hijo perdido, a la ves en un lugar de un monte lejano, repleto de flora espesa como la miel de las colmenas, lobos feroces y las alimañas desterradas de sus hogares nativos se encontraba un destello de esperanza en el cual un bebe nacería. Esa es la profecía dicto el clérigo que rezaba y oraba mientras en las afueras del templo de Illiandor había un chaparrón que podía domesticar a los más feroces árboles. Pensar que toda esa palabrería es inventada me dije a mi mismo. No se porque diablos estaré aquí, en ves de estar acurrucándome en un rincón de la cabaña con unas brazas chispeantes. -Me está prestando atención se… seee… señor.- Mirándome con desprecio cuestionó el clérigo. -¿Perdón?.- Dije atrevidamente sabiendo que es estás épocas de guerras los clérigos estaban en la mejor posición y eran capaces de ejecutar al que le respirara en su rostro. -Me está prestando atención.- Reiteró con un tono más elevado y violento. -Verdaderamente, debo decirle con toda la franqueza del mundo que no.- Con un gesto burlón en mi rostro -¿Como se..- Entonces interrumpí nuevamente. - No se si notó que las frases que dice, usted no las entiende.- -Vas a probar el poder del fuego eterno- Antes que pronunciara las palabras para su hechizo de descarga flamígera le interrumpí nuevamente. -Acaso usted cree que esto será lo correcto? Matar a un joven como Yo, ¿es la manera de representar a su Dios?.- En ese momento el clérigo no supo que contestarme lo que para mi fue una invitación a proceder con mi discurso. Me levanté, me le puse en frente y le dije susurrándole delicadamente… -Tu y Yo sabemos que no eres un enviado de Dios, ni siquiera eres un clérigo lo suficiente poderoso para pronunciar ese hechizo. El entonces sonrió y cuando me di vuelta dijo nuevamente las palabras del hechizo. Una bola salio de su mano rayos y ascuas salían de ella. Pero de un momento a otro, el hechizo se desvaneció. Ni el clérigo ni la gente entendieron que paso. Entonces le mostré lo que llevaba en mi bolsillo al supuesto clérigo. Sorprendido el dijo: -Como has podido sacarme eso de mi cuello.- Hablando en vos baja. Entonces te explicaré, era obvio que no eras un clérigo, tampoco un bardo debido a tu rudeza nata de un paladín. Tu fe no es lo suficientemente fuerte para llamar a las llamas sagradas del supuesto Dios en el que deberías creer. Era obvio que usarías ese amuleto para convocar un Castigo Divino sin que nadie escuchara mientras pronunciarías las palabras de La descarga flamígera. -Tu tu tu… no erés normal….- Dijo nervioso y temblando. - Obviamente no lo soy. Sino acaso porque cuando te clava mi puñal en tu espalda ni siquiera sentiste el dolor, aunque obviamente, tu sangre podrida y perversa esta cayendo en el frío suelo.- El paladín entonces noto como su visión se volvía borrosa, tu sangre caía y por lo que daba a reconocer, estaba teniendo una hemorragia. -Maldito seaaaaas.- Dijo dolorido. Su mano rozo mi pantalón, intentado buscar algún sostén para el cuerpo aturdido y dañado. No tuvo éxito. Apenas se cayó al suelo, me situé en la mitad del salón y realicé la señal de la cruz.. | |
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